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LA CALIDAD ACADÉMICA RETROCEDE
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La calidad académica también se vio afectada porque en la mayoría de los casos la presión demográfica, que tantas veces se manipulaba con banderas políticas e ideológicas, logró una masificación de las universidades estatales.45 Las universidades y los gobiernos fueron incapaces de manejar correctamente esta situación. La masificación se dio en todos los niveles: estudiantes, profesores y trabajadores administrativos ingresaron a las universidades estatales sin la exigencia de la calidad académica.46

Muchas veces la pertenencia a un grupo o la filiación ideológica se convirtió en el único criterio para la contratación de profesores, funcionarios, o para el ingreso y la promoción de estudiantes. Las grandes causas o los grandes idearios sirvieron como pretexto para admitir la mediocridad. Los grupos estudiantiles, las organizaciones sindicales y gremiales, lograron la presencia y la permanencia de muchas personas en estas instituciones que no estaban calificadas para ello.

Tiene razón Mario Bunge: la masificación de la universidad supuso más recursos para ésta y debilitó los presupuestos para la primaria y la secundaria.47 En general, podemos hablar de varias consecuencias académicas de la masticación: reducción de recursos para instituciones educativas no universitarias y disminución de la calidad del estudiantado y el profesorado universitarios. Con relación a esto último la opinión de Bunge es inobjetable: "El segundo efecto negativo de la explosión universitaria es el ascenso relámpago, a la cátedra universitaria, de gente inmadura para ocuparla ... El resultado es triple: los profesores instantáneos ya no tienen tiempo ni acaso ganas para seguir aprendiendo, la calidad de la enseñanza que imparten es pobre (y empeora con el tiempo), y sus alumnos egresan aun peor preparados que ellos".48 En efecto, con la disminución de presupuesto nacional para la primaria y secundaria no sólo se logró un debilitamiento de la calidad cultural de la población sino, en particular, de la población que ingresaba a las universidades, obligando, en un círculo vicioso, a reducir la exigencia y la excelencia de la formación profesional universitaria. La ausencia de recursos para carreras medias o técnicas le quitó a la sociedad la posibilidad de personal capacitado imprescindible en la producción económica y en la administración pública.

El balance es catastrófico. No sólo se lograba instituciones cada vez más inútiles y mediocres sino que, debilitando ¡a educación general básica, se aseguraba un flujo de estudiantes mal preparados y nuevas dosis de mediocridad. Lo menos que se puede decir es que fue un pésimo negocio para estos países: se invirtieron enormes sumas de dinero para cubrir la masticación sin obtener profesionales de alto nivel y resultados aceptables en la actividad académica, se hipotecó la calidad de la educación no universitaria y -a la larga- la misma superior, se nutrieron fuertes grupos de presión bañados por la mediocridad académica, que hoy, precisamente, son reticentes al cambio y se han vuelto una pesada carga para la sociedad.

El estilo de desarrollo latinoamericano, que explotó en los años ochenta pero que venía cuestionándose hacía por lo menos una docena de años antes, nunca fue abordado o criticado seriamente dentro de las comunidades universitarias. Los intereses políticos y los prejuicios ideológicos fueron una auténtica barrera en esa dirección. Como dice Aguilar: "... el procedimiento crítico de los universitarios, al desplazarse al ámbito estricto de la política, no fue un método idóneo y eficaz para el objetivo de reorientación y cambio del patrón de desarrollo. No sólo ue políticamente insuficiente, sino, cosa más grave, silenció y derrotó la posible eficiencia de la crítica académica, que no es sinónimo de capitulación política ni de indiferencia social".49

Las consecuencias de esta politización y manipulación de la universidad, las recoge muy bien el filósofo mexicano Leopoldo Zea en 1987, de la siguiente forma:

"La Universidad, sin embargo, ha venido siendo vista por grupos políticos, incluyendo los estatales, como un enclave político que puede ser utilizado con fines extraños a la misión que le ha encomendado la Nación; la Universidad, no como una institución educativa al servicio del futuro de la Nación, sino como posible punto de partida de una acción política que desplace otras políticas o facciones de la misma política estatal. En este empeño se han venido sacrificando las funciones de la universidad estatal y su proyecto nacional, fortaleciéndose, porel contrario, las instituciones privadas, limitadas al proyecto de sus patrocinadores. El proyecto educativo, que ha de permitir preparar a quienes pueden vencer el subdesarrollo y la dependencia por su capacitación, va siendo puesto de lado por un proyecto político que hace de la Universidad y los miembros de su comunidad simple carne de militancia, para metas que son propias de la política que se ha de dirimir en el agora, en las tribunas públicas donde los ciudadanos como tales pueden discutir su marcha política. La supuesta militancia política por encima de la obligada preparación de quienes han de posibilitar el futuro nacional."50

Con relación a Perú, el diagnóstico es también patético. En palabras de García Irigoyen:

"Hoy dispone el Perú de casi 40 universidades (sólo en la década de 1960 se pasó de 10 a 33 instituciones), la mayoría sin personal calificado suficiente, sin bibliotecas ni laboratorios, con una enseñanza disminuida, paralela al esfuerzo ímprobo de profesores dedicados y de estudiantes deseosos de conseguir a través de la universidad un canal de movilidad social y la posibilidad de cubrir sus aspiraciones económicas. Como el Estado no puede satisfacer las necesidades de las instituciones, éstas se debaten entre el desaliento y la rebeldía, hay un índice de deserción y los egresados no encuentran ubicación en el mercado de trabajo; mientras, un sector creciente de la sociedad, que no tiene acceso a sus siempre limitadas plazas, se pregunta ya por la utilidad de la universidad como institución."51

Es posible encontrar justificaciones históricas o políticas a la pérdida de calidad en la universidad latinoamericana. Es decir, no sólo señalar el endurecimiento y la acción represiva y criminal de las dictaduras y la manipulación ideológica y política que hicieron los grupos de izquierda durante todos estos años. Existieron condiciones objetivas: políticas y sociales. Por un lado, el llamado por la democracia y la justicia, en momentos de crisis y polarización nacionales, es muy fuerte como para que la excelencia académica pueda ocupar el papel que debe en las perspectivas de progreso de un país. Por otro lado, debe decirse con claridad: no sóio los universitarios fueron responsables de lo que pasó, al fin y al cabo el boom demográfico era real y se debía encontrar una solución. No había alternativas institucionales para canalizar la presión de las multitudes por entrar al recinto que aparecía como el único que podía ofrecerles posibilidades de ascenso social y las naciones requirieron "comprar" de esta manera cierta paz social. Los gobernantes de la época no previeron lo que iba a suceder.

El asunto es complejo. Se puede juzgar a los responsables históricamente, señalar quiénes fueron torturadores o manipuladores y terroristas, quiénes apuntalaron la polarización y generaron un clima de violencia innecesario, y quiénes no, quiénes en la burocracia estatal y universitaria tomaron las decisiones equivocadas. Sea como sea, no se trata tanto de hacer una valoración ética o política, sino de hacer un balance objetivo de una realidad: durante todos esos 20 o 25 años la calidad académica se estancó o retrocedió en la mayoría de las universidades. Hay excepciones, países en los que se dieron interesantes experiencias (aisladamente). Tampoco quiere decir que todo se haya perdido (hubo crecimiento del número de graduados latinoamericanos en países desarrollados). Pero hasta mediados de los años ochenta, América Latina no tuvo globalmente las condiciones para un progreso académico institucional y nacionalmente sostenible.



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Página Ángel Ruiz