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LA UNIVERSIDAD DE FRENTE AL NUEVO CONTEXTO SOCIAL
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Si la educación y la cultura son la llave del nuevo mundo, las universidades están llamadas a ocupar un papel decisivo. Sus compromisos con la industria, el sistema educativo básico, la administración estatal, la organización social, pueden ser muy distintos según cada nación, pero, sin duda, la educación superior, como haya sido heredada, será una palanca decisiva para definir la orientación de la nueva realidad: hacia adelante o hacia atrás.

Existen varias nuevas realidades frente a las que la universidad debe reaccionar:

a.  Aunque a partir del determinismo decimonónico y la apología de la verdad científica (sustento de muchas utopías, por ejemplo: del Positivismo y el Marxismo), en este siglo se ha ido asentando el indeterminismo y la incertidumbre; esto obliga a la transmisión de una actitud permanente de crítica y cuestionamiento en cada disciplina.

b.  El flujo cambiante del conocimiento actual y su creciente papel en la sociedad mundial obliga a una definición de los contenidos universitarios y de su función, en aras de crear cuadros humanos de alto nivel para el vertiginoso cambio y asumir un amplio espectro de nuevas tareas en la generación, promoción y uso del conocimiento.

c. El progreso de una cultura ambiental, frente a los crecientes desequilibrios ecológicos, obliga a introducir la dimensión ecoló­gica como factor en la acción universitaria en carreras, cursos, investigaciones, extensión, etc..

d.  La ruptura efectiva de las fronteras y el cosmopolitismo actual, el ascenso en la escala internacional de los modelos democrático-electorales, el replanteamiento del papel de lo mili­tar, y el fin de la Guerra Fría, por ejemplo, modifican el sentido de los estudios políticos e internacionales.

e.  La existencia de la nueva tecnología en comunicaciones y en medios educativos modifica las perspectivas de la acción universitaria (educación a distancia, sustitución del profesor en algunas tareas docentes, ayudas audiovisuales, utilización de los medios electrónicos en todos los niveles de trabajo y enseñanza, etc.).

f. Los avances en las técnicas de administración y teoría de la organización ponen en el terreno un reclamo por la eficiencia y la modernización en la administración universitaria. Los prin­cipios de la reingeniería, por ejemplo, más que un recuento de técnicas modernas constituye una mentalidad que permite buscar ofrecer un producto que con base en las percepciones y deseos del cliente, que para la universidad es la sociedad en su conjunto.

g. El paso hacia una concepción del Estado menos interventor y ejecutor, menos paternalista, más eficiente y, en genral, más pequeño, 56 con el fortalecimiento de la Sociedad Civil, obliga a una reformulación de la financiación por el Estado y de las relaciones entre Universidad, Estado y Sociedad Civil.

h. La transformación de los valores y del papel de las ideologias (la caída del comunismo soviético y la crisis del marxismo coadyuvan en esa dirección) abre un contexto intelectual diferente.

i. La perspectiva inmediata de un mundo multipolar en la economía, la política y la cultura, en tudos los niveles, es un nuevo punto de partida para la acción universitaria.

j. Condicionado por diversas razones, el fottalecimiento de las dimensiones económicas en la vida social internacional empuja a redefiniciones en los planes nacionales y regionales de desarrollo; en particular, para los países no desarrollados.

k. No existe una alternativa claramente definida de un patrón de desarrollo en América Latina que supere los patrones de las últimas décadas, los que entraron en crisis profunda desde hace muchos años. Es un reto intelectual, además de político. La universidad tiene responsabilidad en este reto.

l. El impacto social de los movimientos feministas y de mujeres y de grupos humanos minoritarios, en los años sesenta y setenta, obliga a sendos procesos de reconceptualizar las temáticas intelectuales y sociales con nuevas visiones que tomen en cuenta un espectro humano y social más amplio.

Estos cambios, dentro de muchos otros, reflejan la necesidad de un poderoso ajuste en las universidades latinoamericanas. Un primer paso en la dirección de la reforma universitaria es, sin embargo, la educación de la misma universidad. Es decir, el establecimiento de un proceso de comprensión y de decisión dentro de estas instituciones. ¿Será posible esta re-educación y lograr avanzar en la reforma universitaria?.

El asunto no es tan sencillo y depende mucho de las condiciones en que vive cada país. Para Franklin Pease García Irigoyen, exdirector de la Biblioteca Nacional de Perú y del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad Católica de Perú , en el caso de su país, el panorama es poco promisorio; en un seminario realizado en la Universidad Autónoma de México en 1987, que se llamó Universidad y Política en América Latina", decía:

"La hipótesis propuesta es que la universidad en el Perú no ha tenido ni tiene la capacidad de organizarse y diseñar su producto académico, que la comunidad universitaria (cerca de 40 universidades) parece incapaz de proporcionarse a sí misma sus lineamientos básicos y tampoco confía hoy en la imposición estatal de los mismos. El Estado diseñó la institución universitaria desde la Colonia y ha querido modelarla permanentemente; de acuerdo con los vaivenes de la política, produce reglamentos y leyes universitarias que reducen la autonomía proclamada al solo acatamiento de la ley. Como en otros terrenos de la vida del país, se legisla para diseñar situaciones y comportamientos, no para regular el quehacer de la población. Ello lleva a una tensión cíclica entre el Estado y la universidad."57

El caso de Perú es muy difícil, dadas las condiciones socioeconómicas y culturales contradictorias y tensas que lo definen. Sin embargo, cuatro años después de ese seminario, en 1991, la opinión del brasileño Buarque seguía una línea semejante e, incluso, iba más lejos, aunque tal vez con un menor pesimismo. Lo que éste dice para las universidades del Brasil se aplica, en buena medida, a toda América Latina: la universidad se ha quedado amarrada a puntos de vista tradicionales, 58 sin tener todavía claridad y voluntad sobre las decisiones urgentes a tomar.59 La universidad está aislada, reproduce, con ladepartamentalización, la fábrica, 60 con jerarquías rígidas de títulos 61 y áreas, pérdida de valores éticos y estéticos 62, con miedo a la crítica externa, 63 a lo nuevo y a lo real.64 La universidad es rutinaria, repetitiva, acomplejada, prejuiciada ideológicamente, conservadora y corporativa (se defiende el gremio por encima de los intereses de la institución y se defiende supuestamente la institución por encima de la sociedad y el país). Las palabras de Buarque son muy elocuentes: "Los últimos años sumergieron a la universidad en un pesimismo generalizado. Aún cuando la comunidad se moviliza, es con finalidades específicas y limitadas. Una justa lucha sindical por mejores salarios, pero sin autocrítica del valor de su trabajo; lucha por más presupuesto, pero sin defensa del plan de innovación en su aplicación; lucha por correctas palabras de orden, como "enseñanza pública y gratuita", pero con nivel de cobertura que impide la formulación de propuestas concretas; o la lucha concreta contra propuestas externas que intentan deformar la universidad, pero sin elaborar, y a veces rehusando, las necesarias reformas".65 Y, aún más, se trata de un conservadurismo que se da tanto en las filas de la derecha y de la izquierda (categorías que se esfuman de la historia). Mucho de lo que dice Buarque es cierto. Sin embargo,, como hemos señalado antes, factores externos a la universidad la han condicionado de una u otra forma. En el caso de Brasil, se dieron algunas diferencias, por ejemplo, la política de la dictadura militar apoyó la formación de profesionales en el exterior en un número muy grande; la investigación, por las razones que haya sido, tuvo mayor relieve que en otras naciones de América Latina aunque con reconocidas debilidades (por ejemplo: separación negativa entre investigación y docencia, existencia de clanes cerrados de investigadores, temarios manipulados por intereses particulares nacionales o internacionales).

El caso venezolano no escapa de este contexto difícil: Orlando Albornoz, en 1987, decía enfáticamente: "... esa Universidad Autónoma parece estancarse en formas tradicionales de operación y asumir una serie de vicios académicos y administrativos que obstaculizan su eficiencia institucional. Vicios que, en muchos casos, se aproximan a la corrupción y que dificultan aún más su funcionamiento."66 Este los define con claridad:"... la Universidad Autónoma Venezolana asume ciertas características que la definen y que es oportuno mencionar en esta oportunidad, tales como la gremialización, la partidización y la ideficiencia institucional."67 Esta situación no resulta extraña en el resto de América Latina. Tenemos la existencia de grupos de presión universitarios que conspiran contra la eficacia y la calidad académicas. Su origen se puede encontrar en el gremio, el partido o la ideología, o una combinación de todos ellos, pero el  resultado es el  mismo: impedir las transformaciones profundas que plantean los nuevos tiempos a las universidades. La influencia dominante de estos grupos de presión y la politización y polarización que suelen promover, fomentan una pérdida de credibilidad de la institución universitaria en la ciudadanía y la opinión pública.

La situación es compleja y se han planteado desde hace algunos años varias opciones para el derrotero universitario, algunas sin embargo reforzando tendencias del pasado. Como señala el profesor Salvador Abascal Carranza, en un reciente número de la Revista Filosofía de la Universidad Iberoamericana, en México: "Frente al derrumbe de las ideologías y el virtual triunfo del liberalismo económico, la Universidad ha pragmatizado su que hacer; en buena medida, ella se ha convertido en una gran proveeduría de profesionistas y de técnicos, para las necesidades de la empresa privada y la alta burocracia. También se ha convertido, por desgracia, por su desvinculación de la realidad, en una gran fábrica de desempleados."68 La crisis de la universidad latinoamericana la interpreta Abascal en términos que también suscribimos: "Por un lado, la formación técnica y profesional está sufriendo una reorientación hacia los modelos económicos y de desarrollo social y político que prevalecen en la región. Porel otro, la universidad presenta inequívocos síntomas de desvinculación respecto de su esencial e histórico ser y quehacer, como crisol del pensamiento y luz de la cultura regional y universal."69



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Página Ángel Ruiz