Previo
EL MODELO UNIVERSITARIO HEREDADO DEL SIGLO XIX
Siguiente



Los modelos de Salamanca y de Alcalá de Henares fueron trasplantados a América Latina, definiendo así los extremos en los que se moverían las universidades latinoamericanas durante toda la época colonial. Es interesante notar que el modelo salmantino fue favorecido por la Corona, mientras que el de Alcalá lo fue por las órdenes religiosas, dominicos y jesuítas principalmente, en su conquista y colonización religiosa del continente.15 Según algunos autores, en el modelo salmantino se encuentra el sustrato de los que luego sería la universidad nacional y en el de Alcalá las universidades privadas de filiación religiosa.16

La universidad colonial hispanoamericana comenzó a sentir cambios profundos con la Ilustración y las transformaciones que en suelo europeo empezaron a darse con la Revolución Francesa. A veces las ideas viajaron a través de textos, a veces a través de personas.17 La mayoría de los movimientos independentistas se hicieron con la mirada puesta en la Revolución Francesa y en la Independencia Norteamericana.18 Los dirigentes de la Independencia de América Latina asumieron como punto de partida el afrancesamiento que ya habían exhibido los reyes Borbones, buscaron implantar el ideario ilustrado y, luego, positivista, aunque debe subrayarse que se pretendía hacer esto en una realidad social e histórica muy diferente de la que dio origen a esas ideas. Una amalgama de las ideas de la Ilustración, como luego de las del Positivismo Comteano, jugó un papel ideológico decisivo en América Latina.

La República latinoamericana asumió la influencia francesa también en lo que se refiere a la universidad: el siglo XIX vio la sustitución de la universidad colonial por el modelo napoleónico de universidad; 19 durante varias décadas se cerraron o se debilitaron sustancialmente las universidades emergidas de la Colonia y otras fueron creadas.20

El nuevo modelo tenía características muy precisas: ruptura del carácter unitario y holístico de universidad y su sustitución por una visión disgregadora de los estudios universitarios que suponía el funcionamiento separado y totalmente independiente de facultades, así como la separación de la enseñanza profesional de la investigación en ciencia y técnica y de las humanidades. El modelo napoleónico enfatizaba profesiones separadas de la actividad científica e investigativa. Además, suponía escuelas profesionales estrechamente subordinadas al Gobierno, que decidía sobre los nombramientos de funcionarios y sobre los planes universitarios. La ¡dea de las escuelas superiores técnicas fue común a toda Europa durante esa época.21 La misión de las nuevas facultades separadas era la de producir los cuadros profesionales que la administración pública, el Estado y los planes gubernamentales determinaran.

El nuevo modelo era una reacción política e ideológica para afirmar un orden nuevo contra uno viejo que todavía no había desaparecido y, al mismo tiempo, era una estrategia para la generación de los cuadros humanos que necesitaba este nuevo orden.

En América Latina la instauración del modelo también sirvió para propósitos políticos contra un orden colonial ya en un momento histórico "fuera de la Colonia". Fue instrumento de los grupos liberales embarcados en la construcción de estados nacionales y enfrentados a sectores conservadores terratenientes y eclesiásticos que en esencia, a pesar de la Independencia, seguían al mando de estas sociedades cargadas de atraso, desigualdades, violencia, incultura y una terrible explotación. La pugna entre liberales y conservadores determinó buena parte de las características de las nuevas naciones; 22 en particular, el papel de la educación y la universidad.

En América Latina no se trataba de crear los cuadros profesionales de una expansión imperial, como sucedía en parte en Francia, sino de sustentar con abogados, ingenieros, peritos, y otros profesionales, instituciones estatales indispensables para procurar la edificación nacional. Si bien es cierto que la subordinación de los entes de educación superior al Estado y al gobierno redujo cierta autonomía y libertad académicas, que existieron de muchas maneras en el Medievo y en la Colonia, ésta era importante para sostener el imperio de la ley, el orden constitucional y las nuevas instituciones que siempre estuvieron asediadas por muchos enemigos. Con esto, me quiero distanciar de muchas posiciones comunes en' la intelectualidad latinoamericana que sólo ven con una mirada negativa 23 la instauración del modelo napoleónico en las universidades del subcontinente. Debe añadirse que, asociada a lo anterior, estaba la idea de concentrar los exiguos recursos en la educación primaria y la secundaria que, en general, no estaban en buenas condiciones en toda la región.24

También se promovieron museos nacionales, institutos geográficos y otras instituciones que semejaban algunas europeas.

Lo anterior no quiere decir, por otro lado, que ese modelo estaba libre de defectos, ni tampoco que era conveniente aplicarlo urbi et orbe, ni tampoco en todo momento histórico. Mi apreciación va en el sentido de que sirvió a propósitos, amén de las contradicciones sociales y políticas que siempre existen en cada momento histórico, que pensamos fueron progresivos en las circunstancias precisas que tuvieron lugar.25 Con la visión de nuestros días, podríamos decir que ni la universidad colonial ni el injerto napoleónico en la universidad republicana estaban libres de defectos y que optar por una de ellas representaba en cualquier caso una colección de problemas y obstáculos. Lo que debe determinarse y subrayarse es, sin embargo, cuál opción daba más posibilidades para el progreso cultural y una mejor respuesta a las necesidades técnicas y profesionales de la sociedad, o cuál opción daba mayor afirmación al orden social y político que planteó la Independencia en estas naciones.26

Los problemas del modelo napoleónico son identificares con absoluta claridad: pérdida drástica de autonomía en la acción profesional y universitaria, aislamiento de la investigación científica y de la dimensión estética de los seres humanos, separación de la formación y la investigación, disgregación de la práctica académica contra la realidad unificada y holística del conocimiento yla vida.

Como América Latina no contaba con una fuerte sociedad civil ni grandes tradiciones comerciales ni importantes experiencias científicas y técnicas, 27 la separación casi por decreto entre las profesiones y la poca investigación científica existente, solamente podía aislar aún más a ésta e impedirle históricamente un sostén institucional y estatal que le permitiera desarrollarse; es decir, representaba crear un obstáculo adicional para la práctica científica en la vida social por décadas y décadas, precisamente en el momento histórico internacional más importante para el establecimiento de estímulos a la acción científica.

Con el correr del tiempo, la ausencia de autonomía y la subordinación al Estado, se convirtieron en una camisa de fuerza para la educación superior en América Latina condicionando su desarrollo ulterior. Con muy pocas excepciones (por ejemplo, hasta cierto punto, Costa Rica), el ideario liberal e ilustrado no desarrolló un orden social "burgués" con las libertades y posibilidades, aunque siempre contradictorias, que rompiera muchas de las reglas sociales de la ordenación colonial. Se creó un régimen que podría caracterizarse como una amalgama social: tenía la estratificación étnica, explotación, ausencia de democracia, atraso, incultura y violencia de la Colonia, la presencia del gran propietario de tierras (las nuevas empresas económicas tal vez generaron nuevos propietarios pero no nuevas estratificaciones sociales) y la Iglesia (a pesar de los esfuerzos liberales por quitar poder a la Iglesia, tarde o temprano volvía a ocupar su influencia) todo integrado en unidades sociales con un fuerte protagonismo social y político de los militares (los nuevos soldados, habiendo sido fuerza motriz de la independencia, asumieron el poder en sociedades con poco desarrollo civil).

Dentro del contexto histórico y teórico que hemos resumido, uno de los rasgos particulares de la universidad nacional latinoamericana en la segunda fase de la afirmación republicana (segunda mitad del siglo xix) se puede apreciar en el modelo universitario desarrollado por Andrés Bello en Chile: 28 la "universidad de abogados". En efecto, en esta fase de consolidación de las instituciones nacionales, la creación de los códigos y el orden jurídico de las países era una tarea vital. Las universidades tenían que asumir la función de proporcionar lo abogados encargados de crear ese marco legal.29

Cabe destacar también que durante el siglo xix, a pesar de todo, se dio un importante intercambio entre las comunidades académicas y científicas de Europa y América Latina: tuvimos sabios viajeros y también una importante emigración de profesores y científicos que,  por diferentes razones, decidieron permanecer en el nuevo mundo. Muchos de estos personajes contribuyeron a desarrollar resultados intelectuales de una calidad extraordinaria, medida por los estándares de la época y muchos crearon algunas tradiciones que, apenas en los últimos años, han empezado a estudiarse y rescatarse por una nueva generación de historiadores de la ciencia, las técnicas y la cultura de América Latina.30 Sin embargo, con poquísimas excepciones, la educación superior no contaba en los países de la región con la organización social y la dirección política que permitieran aprovechar estas importantes migraciones más allá de la labor estrictamente individual o la elemental formación profesional.

A pesar de las múltiples dificultades, a fines del siglo xix, en la mayor parte de América Latina la educación había sido declarada libre y compulsoria, aunque siempre existía la carencia de maestros.31

Tal vez lo más sensato que se puede decir es que se generó en la mayor parte de América Latina un híbrido de modelo universitario: mitad colonial y mitad napoleónico, con premisas liberales y premisas conservadoras, con buena parte de las desventajas de ambos y con desventajas adicionales, producto de la situación particular de la región. A veces, podríamos hablar de un modelo napoleónico "tropicalizado". Aunque algunas universidades religiosas pudieron sobrevivir el siglo xix, a fines de éste casi todas las universidades latinoamericanas eran públicas y en estrecho contacto con los gobiernos locales (lo que las colocaba, muchas veces, en un territorio de incertidumbre, dada la inestabilidad de estos gobiernos). También, hasta bien entrado el siglo XX la mayoría de ellas fueron estrictamente instituciones de formación profesional. Las universidades religiosas son más bien de creación reciente.32

En síntesis: de las batallas entre liberales y conservadores en el siglo xix, América Latina emergió con universidades "estilo" napoleónico pero que también tenían algunas dimensiones casi medievales (que predominaron en ciertas universidades). Este "desenlace político", aunque basado en condiciones sociales y culturales muy precisas, definió también el resultado de la educación superior latinoamericana desde el siglo pasado: una Razón Académica determinada por la Razón Política, lo que sería una constante en la región.



Previo
Subir
Siguiente
 
Indice Principal
 
 
Página Ángel Ruiz