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POLÍTICA Y SOCIEDAD
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La politización de los planteamientos académicos y democráticos que se dio durante esos años, es visto en términos positivos por estos intelectuales marxistas y,.más bien, se critica que no se haya ido más lejos en ese tipo de proceso. Para nosotros las cosas son al revés y pensamos que, incluso, desafortunadamente, el asunto se tornó más grave en las décadas de los sesenta y setenta porque confluyeron varias cosas. Por un lado, se dio una presión muy grande por acceso a la universidad, gracias al boom demográfico de la posguerra. Los datos son elocuentes: en 1960 había 630.000 alumnos en la educación superior en América Latina. En 1970: 1.500.000; en 1980: poco menos de 5 millones. En 1978 había cerca de 280 universidades y 600 centros de educación superior. En 1965 había 100 mil docentes universitarios en América Latina, en 1980 eran como 600 mil.39 Por el otro lado, se dio un incremento considerable de los movimientos de izquierda en la región, motivados directa e indirectamente por el éxito de la Revolución Cubana y la política castrista. Fue un momento en el que también emergieron algunas dictaduras en países muy importantes de la región.40 Estas condiciones crearon en estas naciones una atmósfera de tensión política y social, especialmente en la juventud. También esta situación se nutría del descontento con la situación social y política de la generación de posguerra en Europa y los EUA, así como, en particular, del descontento juvenil con la participación norteamericana en la guerra de Viet Nam. En ese contexto histórico, los postulados de la Reforma de Córdoba fueron llevados a muchos extremos, creando una situación altamente difícil para la universidad latinoamericana y que hoy todavía explica muchos de sus problemas.

La profundización de las tensiones generó una elevada politización de las universidades estatales; muchas veces se convirtieron o trataron de convertirse en trincheras contra las dictaduras o reductos de los idearios políticosque los jóvenes asumían (muchas veces miopes y sectarios, con una óptica con un sobreénfasis en lo político y en la acción política de las universidades).41 Buena parte de los nuevos partidos políticos nacían o se nutrían con los estudiantes.

Para algunos, sin embargo, éste fue un momento clave para los universitarios, porque afirmó la participación estudiantil en la lucha armada contra el orden social, entendida como el camino para el progreso. Era la culminación de un proceso. Según Silva y Sonntag: a partir de 1960, en varios países como Venezuela, Guatemala, Perú, Colombia, etc.: "el movimiento estudiantil pasa a incorporarse al movimiento más general de lucha armada para la subversión de la sociedad, que tiene sus inicios en aquel año".42 Este tipo de razonamientos permeó la vida universitaria por décadas, conspirando contra un sentido académico y constructivo en estas instituciones latinoamericanas. El investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, Luis Aguilar Villanueva, nos confirma esto: la universidad: "... catalizó el descontento sociopolítico de capas de la población, particularmente de las clases medias urbanas, y que tomó el camino de la politización y el enfrentamiento. Esta situación, que aceleró el descenso académico de algunas universidades, se agravó cuando partidos políticos, grupos de poder y hasta movimientos armados penetraron en la universidad, convirtiéndola en bastiones gubernamentales o antigubernamentales, ideologizando unilateralmente su enseñanza, eliminando académicos por razones políticas, en suma, desnaturalizando su función específica, pese a las teorizaciones ad hoc que se hicieron sobre la dea y la práctica de la Universidad, para justificar acciones políticas."43

Fue una época de universidades asediadas o intervenidas militarmente, universidades cerradas o desmanteladas, o universidades abandonadas. La violencia entre los grupos de derecha y de izquierda 44 creó un caos que en varios lados supuso la emigración, obligada o voluntaria, hacia otras latitudes de excelentes académicos y un debilitamiento considerable de la calidad académica en la mayoría de ellas. Argentina, Chile, Uruguay, Guatemala, El Salvador no han podido recuperar los profesores e intelectuales que fueron asesinados, marginados, o seexilaron. En Perú se dejó varias universidades estatales bajo la influencia de grupos izquierdistas extremadamente sectarios y se propició el fortalecimiento de otras universidades. Sin abandonarlas totalmente, muchas universidades privadas se han visto promovidas en Colombia y Venezuela. En todos los casos, como reacciones frente a la situación que antes describimos. La privatización casi universal de la universidad chilena desde Pinochet, en este contexto político específico, aparte de la ideología y el marco social que propulsó la dictadura, es en buena medida un resultado extremo de lo anterior.



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Página Ángel Ruiz