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UNA TRANSICIÓN
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Los años ochenta señalaron el momento de una transición para la universidad latinoamericana. Se suele llamar a esta década como la "década perdida para América Latina". Es cierto que se dio un gran deterioro económico durante todos esos años: fue la combinación del agotamiento de sistemas económicos deformados y poco eficientes, la presión de la deuda externa y el predominio de políticas en los organismos financieros internacionales de un impacto social muy fuerte y negativo en muchos aspectos. La reducción drástica de recursos afectó la mayoría de los sistemas educativos y universitarios de estos países. No había medios para pagar los salarios de los profesores y administrativos, mucho menos para la investigación. A la extrema politización, violencia, confrontación ideológica y deterioro de la calidad académica de las dos décadas anteriores había que añadir ahora una gran carencia económica. Por supuesto que esto no afectó a todas las universidades de los países latinoamericanos de la misma manera: Brasil, México y Costa Rica, por ejemplo, siempre estuvieron mejor 52 que otros países aunque por razones diferentes. No obstante, la década no fue perdida en muchos sentidos. Todo lo contrario. Fue un momento de democratización de los regímenes políticos de la región. Cayeron las dictaduras en Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Nicaragua, Brasil y en otros países se han mejorado algunos de los mecanismos democráticos. Esto ha permitido aflojar las tensiones sociales y políticas y, en lo que se refiere a las universidades, aunque sin dinero, intentar redefinir y reconstruir las rutinas y los planes de desarrollo académico.

La caída del mundo comunista soviético, en la última parte de los ochenta, también ha servido para debilitar las posiciones ideológicas y materiales de un importante sector de intelectuales y universitarios latinoamericanos, que contribuyeron mucho a una distorsión en la comprensión de la realidad social y a la manipulación política de las universidades.

De esa forma, a pesar de las penurias económicas: el deterioro de las dictaduras y la represión y la declinación internacional de la extrema izquierda han debilitado dos de los factores importantes en la crisis de la universidad en América Latina. Estas condiciones incrementan las posibilidades de definir y construir una nueva universidad en América Latina, que le ayude a estos países a enfrentar los retos de un mundo en cambio que ha hecho del conocimiento y la tecnología una exigencia universal para el progreso.

Podríamos decir que, en las décadas de los años sesenta y setenta, las universidades se vieron condicionadas por una "Razón Política", y que los ochenta plantearon, aunque algunos no tuvieran conciencia de ello, una orientación hacia una Razón Académica. Si antes, con ideas correctas o incorrectas, era entendible que en los países con regímenes políticos autoritarios se definiera la acción universitaria condicionada por la lucha contra la dictadura y un compromiso con el país en los mismos términos, ahora la situación se ha trastocado en casi todas estas naciones. El compromiso con el progreso nacional y social de una universidad debe reformularse; el enjuiciamiento y división de los universitarios entre "los que están a favor del régimen y los que no", que siempre se hizo en tantas naciones, debe abrir lugar a una valoración diferente.

En esta etapa de transición se han empezado a realizar modificaciones importantes de la vida universitaria en varios países. Por ejemplo, los cambios en la Universidad de Brasilia, bajo la rectoría de Cristovam Buarque, a partir de 1985, se han colocado en esta perspectiva (siempre dentro de la situación particular de Brasil que, a pesar de los grandes niveles de miseria y de desigualdad social, invirtió mucho en las universidades e institutos de investigación). Las modificaciones más recientes en los regímenes académicos de docentes e investigadores de varias universidades importantes en México, 53 Colombia 54 y las reformas administrativas en la Universidad Nacional de Costa Rica, también. Los ejemplos son ya muchos.

Visto de la manera más general, el mundo de la posguerra ha cambiado por muchas razones. No só|o por la caída del mundo comunista soviético y el fin de la Guerra Fría, ni por las nuevas etapas en el desarrollo económico o tecnológico en las que nos hemos sumergido. Una nueva cultura en la escala internacional está surgiendo. Los valores y las premisas ideológicas están cambiando. (Sin embargo, las ideologías no han muerto como dice Fukuyama, ni los paradigmas de la democracia liberal o la sanción por el mercado de la economía son definitivas. Tampoco existe teleología que permita asegurar la ausencia de retrocesos colosales en el devenir de la especie humana). Las posibilidades de intercambio a partir de los múltiples mecanismos modernos de comunicación tienen un impacto extraordinario en la conciencia y la cultura de las personas y las naciones. El matrimonio apasionado entre economía y tecnología no sólo ha modificado nuestra vida material cotidiana sino, de manera especial, nuestra percepción del mundo.

Tal vez podamos sumarnos a la idea de Toffler de una "tercera ola" o no, pero es evidente que los años ochenta fueron el punto de partida de una nueva etapa de la humanidad." Son muchos los signos que revelan el nuevo orden histórico: la caída del comunismo, la ampliación de la democracia política, la nueva economía, la revolución en las telecomunicaciones y en el manejo electrónico de la información. En particular: hay un salto cualitativo en la presencia de las ciencias y la tecnología, que venía tomando impulso desde la Segunda Guerra Mundial. El predominio del conocimiento sistematizado en la organización productiva y social pone en tensión todo lo que tiene que ver con educación y cultura. Pero, también, todo esto se ha visto acompañado de una reconceptualización y crítica de la naturaleza misma de ciencia y de la tecnología. El mundo epistemológico, ético y filosófico también ha penetrado en una nueva era. El futuro no le dará crédito a quien no entienda esta nueva realidad. No entender los signos de esta nueva fase de la historia se sancionará con la "quiebra", como le está pasando a la ibm por no haber comprendido a tiempo -paradójicamente - la importancia de la computadora personal.



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Página Ángel Ruiz